La emblemática empresa argentina Lumilagro se encuentra en el centro de una fuerte polémica tras una serie de publicaciones en su cuenta oficial de X (ex Twitter), donde su Community Manager justificó de manera provocadora el despido de trabajadores. » ¿Preferirías que los volvamos a contratar y vuelvas a tener que gastar $100 mil pesos de más?», fue la respuesta que desató el repudio generalizado en las redes sociales.
La histórica firma, fundada en 1941, tomó la drástica decisión de cesar la fabricación nacional de ampollas de vidrio en su planta de Tortuguitas para convertirse en una importadora de productos provenientes de China, India y Vietnam.
El escándalo en redes: «¿Querés pagar $100.000 por un termo?»

La controversia estalló cuando usuarios recriminaron a la marca el impacto social de su reestructuración. Lejos de una postura institucional conciliadora, la cuenta oficial de Lumilagro defendió el ajuste jactándose de la reducción de costos:
- Justificación de bajas: La empresa planteó que la reincorporación del personal encarecería el producto final, consultando irónicamente a los usuarios si estarían dispuestos a pagar ese excedente.
- Cambio de modelo: La marca justificó su nuevo rol como importadora neta, argumentando que la fabricación en el exterior representa un «salto de calidad» y mejores costos operativos.
El drama detrás de las cifras: de 220 a 50 empleados
La realidad productiva de la empresa muestra un panorama desolador que contrasta con el tono desafiante de sus redes sociales. Martín Nadler, director ejecutivo de la firma, calificó el proceso como «dolorosísimo» y detalló el achicamiento de la estructura:
- Reducción de personal: De un plantel de 220 trabajadores en 2022, la empresa quedó reducida a solo 50 empleados directos.
- Fin de una era: Tras 83 años, Lumilagro dejó de ser la única fábrica de termos de vidrio de América para limitar su actividad local a la serigrafía y personalización de productos importados.
Caída de ventas y competencia desleal
Según los propietarios, la estocada final para la industria nacional no fue solo la caída del 50% en las ventas internas, sino también la falta de control sobre el contrabando masivo. Nadler denunció el ingreso de 4 millones de termos desde Paraguay y el norte del país, advirtiendo que muchos de estos productos son «tóxicos y truchos».
El cierre de los hornos de Lumilagro se suma a la crisis que afecta al sector productivo nacional en un contexto de apertura importadora, dejando a una de las marcas más tradicionales del país como un simple ensamblador de manufactura asiática, en medio de un clima de hostilidad digital hacia quienes reclaman por la pérdida de puestos de trabajo.









