En una fuerte entrevista brindada a 7Paginas, el padre de Luisina, Ricardo Leoncino, mencionó su situación respecto a la dura realidad que está viviendo, y además, compartió su apreciación personal de la desaparición de su hija.
Luisina es la tercera de la familia que sufrió graves circunstancias que atentaron contra su vida. El primero fue el hijo de Ricardo, que en 2018 decidió quitarse la vida. La segunda fue Valeria, conocida en toda la ciudad por su reciente asesinato al inicio de este año. Y por última, Luisina, quien se estima que fue una víctima más de femicidio, en manos del principal sospechoso, «Ñoño» Benítez.
«Sí, realmente debo estar embrujado», dijo entre unas tristes y desesperanzadas risas. «Me tocó a mí, no quiero exagerar mi situación porque hay gente que le ha ido peor, y si uno ve, en el mundo se observan peores cosas. Y bueno, es una perinola, Dios me apunta a mí la mala suerte, y me tocó nomas».
En sus declaraciones, se nota frialdad al tratar temas tan delicados, como lo son la defunción de sus hijos. Sin embargo, una brisa de desgano y desilusión corría por sus palabras. Al fin y al cabo, es tan solo un padre que ha tenido que sufrir los golpes de un panorama de desgracias que llegaron a su vida.
«Ha sido tremendo, es una pena. Pero bueno, ella tenía una personalidad muy rebelde, yo le decía que no camine por algunos caminos, que era peligroso, pero no había caso, y yo no encontré la fórmula para conseguir que los hijos obedezcan», agregó el escribano, intentando justificar el final en el que terminó Luisina.
Además de destacar que su hija sufría de problemas psiquiátricos, señaló que él la ayudaba en todo momento para la crianza de sus hijos, ya que, en la familia de los padres de los niños, no había una contención necesaria para la joven madre. «Estaba viviendo medio como quería, no tenía necesidades porque las pagaba yo. Cuando uno tiene casa, comida, alimentos, ropa y un montón de cosas se tira la retranca y se queda medio quieto», dijo con cierta indiferencia.
Sobre su desaparición, puntualizó muy airadamente, con pocas precisiones y recuerdos muy vagos que «ella vino alrededor del 9 o 10 de junio, en esos días que se pierde contacto con ella, y me trae bolsas. Me dice ‘te traigo toda mi ropa’. No sé dónde estaba viviendo, y en estos días pasó a retirarla porque, con el padre del hijo más chico, habían alquilado un departamento para vivir. Después de eso no apareció más».
Por otro lado, confesó con impasibilidad: «En esta oportunidad no tuve contacto con la mamá. Cuando hubo peligro hace unos meses sí tuvimos que relacionarnos por fuerza mayor. En esta no, ella se cortó por su lado y yo por el mío».
Para finalizar, dijo que no conocía a Benítez, pero que tiene algunas sospechas de que su hija podría haber visto algo peligroso, de lo que no debía estar enterada. La razón radica en que, tiempo atrás en un lugar en el que ella vivía, logró ver una situación de, probablemente, dominio de drogas, y a pesar de que su padre le advirtió que escape de ese lugar para no quedar atada, es factible que pueda haber tenido algún tipo de conexión que la llevó a volver a obtener datos sobre esa situación, lo cual le habría costado la vida.
En resumen, el padre de las jóvenes que han sido renombradas en Concordia en estos meses, se mostró como una persona afectada anímicamente por las circunstancias que, por las vueltas de la vida, tuvo que afrontar. Asimismo, se notó a alguien que manifiesta cierta displicencia ante la situación de Luisina, posiblemente, por el desgano de tener que padecer por tercera vez una derrota de la vida, dejando así a un hombre en tratamiento psiquiátrico que asume no encontrar la fórmula para ayudar a sus hijos.
Foto: Luisina y Valeria Leoncino.
Fuente: Manuela Quintana / 7Paginas.









